jueves 12 de noviembre de 2009

-25 DE ENERO DE 1982





(1ª parte: 24 de Enero de 1982)


-V-


En aquel salón la luz amarilla del ventilador se asemejaba al brillo del Sol cuando está apunto de irse a dormir, me gustaba aquel color, aquel amarillo medio naranja, o naranja medio amarillo. En frente a mi silla estaba la puerta al despacho de Paco, y a su lado un gorila de raza negra que no creo que tuviera el suficiente cerebro como para coordinar todos los músculos de su cuerpo. Agus estaba dentro, con Paco, estarían tratando de dilucidar qué estrategia tomar ahora, qué excusas o coartadas podrían tomar, les había metido en un lío. “Imbécil”, era lo más ocurrente que se le pasaba por la mente a Agus cuando me gritó la noche anterior. “Cuando se entere Paco te va a matar, lo sabes, ¿verdad?, ¿por qué coño hiciste eso? Ya lo teníamos, eran esas fotos, nos íbamos, y trabajo terminado, mierda, es que eres imbécil, tienes tanto músculo como huecos en la cabeza”. Por mucho que me incomodara, Agus tenía razón en lo de Paco, me había metido en un jaleo del que sería difícil salir.

“Dile que pase”gritó Agus desde dentro. El gorila, como si hubieran activado algún interruptor de su nuca me hizo un gesto con las cejas como tratando de captar mi atención.


-Sí, ya lo he oído- susurré al tiempo que me levantaba de la silla para pasar al lado de aquel hombre aún más fuerte y grande que yo.


Dentro me esperaba Agus de pie, y Paco, como siempre, en aquel butacón de piel roída que le daba aquellos aires que tanto me recordaban a los malos de película.


-Hola Constantino-murmuró Paco moviendo su extensa papada como una masa inerte por encima de sus brazos cruzados.

-Buenos días jefe- continué yo.
-Siéntate, por favor- Agus me miraba con una expresión a medio camino entre la amargura y el odio. Lo he echado todo a perder y trataba de decírmelo con la mirada- El señor Gutiérrez- continuó Paco-falleció en el acto al partirse todos los huesos contra el asfalto, ¿qué ocurrió exactamente, Constantino?
-Supongo que Agus se lo habrá contado todo, jefe.
-Si, así es, pero me gustaría oír tu versión también.
-Agus pensó que lo mejor sería pagar a una de las chicas de Celia para que incitara al objetivo a realizar una infidelidad, y cuando eso ocurriera, nosotros les haríamos unas fotos para poder chantajear a su marido.
-Un plan acertado, continua.
-Cuando estaban en la cama del hotel donde Agus cogió la habitación, nosotros nos acercamos por la ventana para fotografiarles, pero algo no estaba saliendo según lo previsto.
-¿El qué?
-Aquel hombre estaba violando a Isabella, la chica- contesté con serenidad, a pesar de que una ola de ira me masticaba los intestinos-Estaba sangrando abundantemente por la boca , que tenía amordazada y atada a la cama con unas corbatas.
-Sí.
-Yo no pude aguantar aquello, la chica solo tenía que acostarse con aquel cabrón, no estaba en los planes que fuera violada, podría matarla perfectamente-empecé a levantar el tono de voz-así que, coño, yo, no podía ver aquello, no podía ver a aquella pobre chica sufriendo por un negocio nuestro, así que entré, entré, y cogí a aquel hombre, lo cogí por el cuello, Dios, lo cogí, y lo lancé por la ventana, no sé qué me pasó, de verdad, no quería, pero…
-Basta Constantino. Está bien.
-Disculpe-dije, tratando de serenarme. Mis manos se estrujaban entre ellas presas de la furia que me invadía.
-¿Sabes que ocurrió después?
-Sí, fui a desatar a la chica, pero empezamos a oír gritos en la calle, y Agus me gritaba desde la habitación de al lado que nos largáramos, no teníamos mucho tiempo, así que salimos los dos rápido, dejando a la chica aún atada a la cama, estaba semiconsciente, y nos fuimos en el coche lo antes posible.
-Te voy a decir lo que pasó después-Paco me miraba con la mitad de sus ojos tapados por unas cejas peludas que denostaban un enfado difícil de superar, pero se mantenía con frialdad en sus cabales- Pasó que el cuerpo inerte del señor Gutiérrez se rodeó en cuestión de minutos de una horda de policías y de curiosos a partes iguales. Pasó que una piara de periodistas escribió cientos de artículos sobre el suceso, y lo peor de todo, que llevaron a la chica al hospital de San Juan, donde permanece vigilada por un policía nacional hasta que se recupere. ¿Y sabes qué pasará cuando se ponga mejor?
-No…
-Pasará que la interrogaran, la torturarán si hace falta, hasta que diga qué sabe, quién mató a aquel idiota y porqué. Entonces saldrá tu nombre, y el de Agus, y el de Fer y todo tu equipo, y lo que es peor, mi nombre.
-Sí.
-Tengo dos opciones. Y tengo serias dudas de cual de ellas escoger. ¿Te gustan las opciones Constantino?
-No- susurré cortante.
-A veces en la vida no queda más remedio que escoger grandullón, y cuando eso pasa, o escoges, o escoge alguien por ti. No te preocupes, porque no estoy en absoluto enfadado contigo, es más, te voy a dejar que escojas por mi. La primera opción es que mande a Norberto, el chico de la puerta, a San Juan, a que mate a esa chica. Y luego que te mate a ti. La otra opción es darte una oportunidad, y dejarte a ti el encargo de matar a la chica, aunque eso sí, sin ningún tipo de remuneración, tan solo estarías limpiando tus errores. ¿Cuál prefieres?

En aquel momento los pelos de mi espalda se erizaron como escarpias y las orejas tiraron de la piel de mi cara hacia atrás. Paco me estaba obligando a asesinar a aquella chica a la que hacía unas horas yo había salvado, sino me matarían a mí, no había demasiada opción. Pensé en desenfundar mi Heckler, cargarme a aquellos dos hombres, al gorila de la puerta, y salir lo más rápido posible, donde nadie pudiera encontrarme. Pero aquello sería una locura, sería hombre muerto de todos modos.


-Gracias jefe. No le defraudaré.

-Eso espero Constantino.





-VI-


Al final de la calle Barbosa me encontré con Rafael, un niño de catorce años que solía ir por allí, sólo, todas las tardes, a jugar a la pelota y escupir a las niñas que paseaban por la zona con sus abuelas. Dormía en casa de un hombre que tenía una farmacia en la plaza Antuña. Un bonachón que lo había adoptado a la edad de cinco, pero no ejercía ningún tipo de función ni tutela sobre el niño aparte de colegio de manera ocasional, darle de comer y proporcionarle donde dormir, el resto del día solía pasarlo en la calle. Era precisamente lo que necesitaba para explorar el terreno.

-Hola chico, ¿quieres ganarte cinco mil pesetas?- dije, mientras le enseñaba los cinco billetes colgando de entre mis dedos. Rafael exhibió una expresión que me hizo estremecer, estaba seguro de que nunca había visto tanto dinero junto, y que era posible que tardara en volver a verlo.


-Claro señor.

Todo había pasado muy rápido, aquel día era 25 de Enero de 1984, un día después del asesinato. Isabella permanecería ingresada otros dos días así que mi momento era esa misma noche, no podía dejarlo para más adelante porque estaría más despierta y cabía la posibilidad de que algún investigador de la policía se pasara a hacer algunas preguntas. Rafael me dio la misma información que Paco me había ofrecido en su despacho de mala muerte aquella mañana: un policía custodiando la entrada a la habitación y ninguna otra medida de seguridad.

Perfecto.






-VII-


-Espero que no la cages- Agus hablaba sin mirarme, estaba sumamente entretenido con su bolígrafo de publicidad de transporte. Suele ponerse así cuando está nervioso, cuando algo le preocupa-Si la cagas, te matarán, ¿lo sabes?, y creo que eres bueno, bueno en lo tuyo, pero bueno.
-Gracias- contesté.
-No me des las gracias y cárgate a esa mujer.


Me quedé pirando mis botas un momento, respirando, pensando que Agus no era un mal tipo, pero tenía miedo.


-¿No te da pena? Es una cría, no ha hecho nada, quiero decir, tan solo confió en ti, y ahora vas y la das por culo, no la proteges ni lo más mínimo. Ella confiaba en ti. Y la pagas así.
-Escucha Constantino, esto no es una cuestión de sensibilidad, es ella, o nosotros. Y si va a morir es por tu culpa, porque sino hubieras actuado, ella no estaría condenada a muerte.

Yo no tengo miedo.


-No quiero matarla-repliqué.

-¿Vas a morir por ella?

No tengo miedo porque la muerte es el fin del principio, y si aquel gorila iba a matarme por salvarle la vida a Isabella. Adelante. Pienso esperar acariciándome las pelotas.


-Supongo que no.

-Haz lo que tienes que hacer. ¿Necesitas ayuda? Podría, no sé, proporcionarte material, o quizás acompañarte, llevarte el coche, algo.

No tengo miedo porque veo que los demás lo tienen, lo tienen por mi.


-No, lo haré solo. Será un momento.

4 Comentarios:

Ankara dijo...

Qué sanguinarios son Agus y los suyos...

Espero leer más pronto!

Muy guay, como siempre!

Un besín

Ankara dijo...

codiguito de barras

:)

Andrea dijo...

Me pasaré con más tiempo, pero por lo que se ve, no hay nada que retocar, como siempre, no te comento, pero que sepas que te leo.

¡Un saludo!

Irene Olmo dijo...

Me ha gustado mucho el post; lo he leido del tirón, cuando he empezado ya no podía para hasta ver como se resolvía el asunto.