-I-
Ella, tenía un ciclón debajo de las uñas, estoy seguro, te acariciaba la espalda con el extremo de sus dedos y tú sentías que eras una vaca del género hereford flotando como una hoja de sauce que se cae en medio del vendaval.
-Me encanta cuando me haces eso-le decía.
Ella sonreía al oírme,
no la veía hacerlo,
pero estoy seguro de que sonreía
mientras todos los poros de mi cuerpo
hacían la ola ante sus ojos.
Después ella decía que me quería,
y yo la decía que yo también,
y seguía desatando el ciclón por mis costados.
Yo,
era en momentos como ese que pensaba que justo en ese instante todo era perfecto, y
durante ese instante daba igual todo lo demás,
no importaba absolutamente nada
fuera de sus caricias,
de su voz,
de mi carne de gallina.
El 12 de Abril de aquel año era martes, y los martes son días sin personalidad, días estúpidos en los que las comas son puntos y aparte. Yo iba a trabajar una hora después que Ana, así que solía levantarme antes para llevarle el desayuno a la cama. Le encantaba que hiciera eso, a mí no, pero a ella le gustaba, así que estaba bien.
-¿Sabes a qué saben los aguacates?- Me preguntó mientras revolvía la taza de café.
-No, no me gustan.
-No lo sabes y sabes que no te gustan.
-Ya me entendiste.
-No- Y me sonreía, porque sabe que haría lo que fuera por ella- Te he comprado unos pocos para que los pruebes, están abajo, donde la fruta.
-Gracias, luego comeré uno a ver que tal están.
Me eché en la cama boca arriba contando los segundos que tardaba en ducharse fugazmente y salir desnuda rumbo al armario donde se enfundaría su atuendo de ejecutiva agresiva. La vi ponerse las braguitas, y el sujetador, y sus medias con bordaditos, y su falda y su camisa… Parece que danza. Creo que si yo no estuviera delante no se vestiría así, como si quisiera hacerle el amor a cada centímetro de su ropa sin darle importancia.
-¿Crees que esta falda queda bien con éstos zapatos?
-No, creo que deberías cambiarte la falda, no pegan los colores.
-Sí que pegan- contestó mientras se abrochaba la cremallera- no tienes ni idea, sólo lo dices para que me desvista otra vez, ¿eh?
-Me has pillado.
Se fue en el coche y yo me quedé en casa como cada martes, una hora solo. La casa siempre me pareció grande y más para mi sin ella, pero los martes, en esa hora en que no estaba conmigo, se hacía inmensa. Las paredes la echan de menos, incluso más que yo, y se convierten en muros gigantes que me piden que me duche yo también, que de noche la volverás a ver, que no seas tan estúpido, es sólo una mujer. “Cállate, es solo una mujer, pero es capaz de darle la vuelta a mi vida con que llegue 10 minutos tarde”. Eres un imbécil, vete al trabajo.
En la cocina estaban los aguacates, como Ana había prometido, cogí uno y me lo metí en el bolsillo de la chaqueta para comérmelo cuando echarla de menos no sea sostenible con seguir despierto.
-II-
-¿Vienes?
A las doce y media, cada día, el capataz nos da un descanso de veinte minutos para comer. Mis compañeros suelen bajar a un bar que tiene los bocadillos baratos y vuelven con el tiempo justo y la barriga atiborrada de comida. Yo por mi lado prefiero subir a lo alto del andamiaje, desde donde se ve media ciudad y sentarme con los pies colgando al vacío y el bocadillo que me prepara Ana cada noche entre los dedos.
-No, creo que hoy también prefiero comer aquí.
-Como veas, hasta ahora.
Desde arriba dan ganas de tirarse,
de decirle al bocata que no llore por ti
y todo fin y vacío. Y se acabó.
Pero veo al queso saliendo de entre la miga
y la veo a ella comprándolo en el súper,
con su carrito de la compra
y esa falda de cuadros que se pone para ir al súper.
Miro los edificios,
con sus ladrillos y sus lágrimas y su ropa tendida,
con ese montón de gente apelotonada en los sofás,
y las voces y las familias y el amor y todo eso,
y deseo ser golondrino, volar y volar,
meterme en una chimenea
y sentir
que siento,
que vivo,
que se me mancha el pelo de historia
y la vida se muere de risa.
El aguacate me sabe a tiro en la rodilla
con su textura pastelosa y los grumitos de migas de pan,
y la saliva rancia y seca,
pero lo como, porque la echo de menos,
porque quiero estar con ella
ahora, en lo alto del andamio,
donde el viento huele a ciudad
donde si llueve
te sientes infinito.
Lo como porque me recuerda al ciclón
que guarda debajo de las uñas,
a su sonrisa de mil mares
a su silueta con forma de ella,
lo como,
porque echarla de menos
ya no es sostenible
con seguir despierto.
4 Comentarios:
1. Y todo lo demásssssssss y todo lo demás no impooooorta!!!
2. ñiiii, nombre molón xD
3. Los aguacates están buenísimos!!
4. Te lo creerás o no. No me importa. Pero cuando leí lo de los pies colgando al vacío en el andamio me entró por dentro la sensación de estar yo misma colgando. Te lo prometo de verdad. Un poco de vertiguito...
5. porque echarla de menos ya no es sostenible con seguir despierto.
Pero tú, chaval, de qué vas?
Es que...argh!!!! Dios, cómo molas.
Un besín, Ídolo!
Es que madre mía, cómo me encanta.
Lo volví a leer, sí. y dentro d un rato otra vez. qué pasa?
Ella, tenía un ciclón debajo de las uñas, estoy seguro, te acariciaba la espalda con el extremo de sus dedos y tú sentías que eras una vaca del género hereford flotando como una hoja de sauce que se cae en medio del vendaval.
junto con "y decirte sin pensar todo lo que pienso cuando no estás" creo que es de mis pedacitos favoritos...
ains, qué artista!
y valió ya, pero es que me gustó mucho...
Ultimamente tas que te sales eee
... y la vida se muere de risa ...
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